Argentina gano a Chile con tiros libres de Riquelme (2-0)
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Categoria: Eliminatorias, Sudamerica
La selección argentina de fútbol arrancó con autoridad este sábado la campaña de las eliminatorias sudamericanas para el Mundial Sudáfrica-2010, al doblegar a Chile por 2-0 con dos formidables

estocadas de tiro libre de su timonel, Juan Román Riquelme, cuya mágica destreza deslumbró a 50.000 almas en el estadio Monumental.
Los dos remates con pelota detenida fueron ejecutados a los 26 y 45 minutos por el volante que está marginado de Villarreal de España y que no jugaba un partido oficial desde hace tres meses.
“¡Riqueeeelme, Riqueeeeelme!, corearon a voz en cuello los hinchas al disfrutar los trucos de magia del estratega, pese al cesped resbaladizo por las últimas lluvias en una fría jornada de la primavera austral.
Ambos derechazos volaron como pájaros por encima de la barrera para clavarse en el ángulo superior izquierdo del arco que custodiaba Claudio Bravo.

Las dos mandobles lograron silenciar a unos 4.000 chilenos que colmaban un sector de plateas bajas, donde habían desplegado decenas de banderas de su país y rivalizaban con los mayoritarios fanáticos argentinos en los duelos de cánticos y estribillos.
Bravo se quedó helado en el primer gol, cuando el balón pasó muy lejos de su posición debajo de los tres palos, pero después reprochaba, tal vez injustamente, a sus compañeros haber formado con deficiencia la barrera.
Pero nadie le respondía al arquero porque la desazón impactó con fuerza en el ánimo de los jugadores de la ”Roja” que venían cumpliendo con obediencia y disciplina el libreto aprendido de memoria de las instrucciones del DT argentino Marcelo Bielsa.
Hasta el primer sablazo magistral de Riquelme, Chile conseguía imponer el estilo tacticista que adora Bielsa, quien planea los encuentros como un jugador de ajedrez, con espíritu ofensivo pero actitud cerebral.
Gonzalo Fierro, Manuel Iturra y Arturo Vidal se plantaban en una primera muralla defensiva en tres cuartos de cancha y forzaban a Carlos Tevez y a Lionel Messi a recibir la pelota de espaldas, sin espacios para desequilibrar con su destreza y velocidad.
Cristian Alvarez y Miguel Riffo clausuraban sus laterales defensivos y Waldo Ponce se erigía como una columna en el fondo, mientras que la zona de gestación la controlaba Matías Fernández, algo tibio pero sabio en la administración del balón.
Fernández se asociaba con Eduardo Rubio y Humberto Suazo para volcar juego sobre el flanco débil de la defensa albiceleste, el que vigilaban Gabriel Heinze y Gabriel Milito, porque Martín Demichelis y Javier Zanetti se las arreglaban con solvencia para meterle un candado al ala derecha.
Intrascendente Esteban Cambiasso, pero sólido Javier Mascherano, el arquero Roberto Abbondanzieri veía el partido desde lejos sin sentir presión ni exigencias.
Pero Argentina tampoco encontraba un método eficiente para penetrar en el área enemiga, porque la escuadra que conduce Alfio ”Coco” Basile sólo es una suma de individualidades, brillantes figuras del fútbol internacional algunas, pero sin funcionamiento colectivo, sin armonía, sin identidad.
Chile salió de su encierro y quemó las naves en la segunda fase, con la entrada de Marcelo Salas, quien le imprimió mayor dinámica a la apagada ofensiva, pero al abrirse las líneas el partido cobró súbitamente vida.

A un avance chileno con adelantamiento de volantes le sucedía un contragolpe argentino, pero Tevez y Messi andaban con la pólvora mojada, caminando al borde del golazo por eludir en carrera a rivales, pero sin la puntada final, el toque contundente de la definición.
El panorama se ensombreció para la ”Roja” cuando fue expulsado Alvarez, con medio equipo cargado de tarjetas amarillas, producto tal vez de un excesivo celo ante las infracciones del árbitro uruguayo Martín Vázquez.
No se dio por vencido ni aún vencido Chile con los ingresos de Hugo Drogett y Claudio Maldonado para reforzar el área de creación y control, en un partido donde los remates al arco eran sólo de media distancia por la falta de profundidad de los atacantes.
Era entonces conmovedor el amor propio de los chilenos para seguir la batalla en inferioridad potencial, mientras Argentina se daba el lujo de hacer entrar a jugadores de refresco como Fernando Gago y Sergio ”Kun” Agüero.
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