Florence Griffith Joyner (En Seúl 1988 Logró Tres Medallas de Oro.)
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Categoria: Noticias
Sus increíbles marcas en los 100 y 200 metros de Seúl 1988 hicieron temblar a los hombres. Tres años antes se había retirado para trabajar de mecanógrafa. Por suerte para el atletismo, regresó.
Su nombre completo era Delorez Florence Griffith-Joyner. Nació en Los Ángeles, California, el 21 de diciembre de 1959 y murió el 21 de septiembre de 1998, con tan sólo 38 años.
Supo desde niña que quería ser una atleta profesional, pero provenía de una humilde familia y por ello, no importaba demasiado “querer ser”, sino “poder ser”. Al finalizar la secundaria, la prioridad era trabajar.
Quiso el destino que conociera a Bob Kersee, su entrenador, a través de quien obtuvo una beca en la Universidad de California, donde potenció sus cualidades innatas. A pesar de haber conquistado la medalla de plata en los 200 metros en Los Angeles 1984, decidió dar un paso al costado y comenzó a trabajar en de mecanógrafa.
Pero su familia la convenció de regresar al atletismo y su ascenso fue meteórico. Sus récords mundiales hicieron temblar a los hombres. En Indianápolis, el 16 de julio de 1988, corrió los 100 metros llanos en 10s 49. Rara vez los hombres bajaban los 10 segundos.
En los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 volvió a mostrar toda su clase. Obtuvo la presea de oro en los 100 metros (10s 54), en los 200 metros con record mundial (21s 34) y en la posta 4 x 100, y también se llevó una insignia plateada en la posta de 4 x 400.
Su imagen impactaba, por su porte y elegancia, por ser innovadora dentro y fuera de los andariveles de velocidad. Se retiró a los 29 años, en su mejor momento, para dedicarse a la promoción de productos publicitarios y a la ayuda de niños carenciados.
A pesar de su imagen saludable, en un viaje de avión en 1996, tuvo un ataque cerebral por el que estuvo 2 días en un hospital. Se hizo un gran silencio con respecto a lo sucedido y el origen del problema que comprometía su vida. Las sospechas sobre el uso y el abuso de esteroides tomaron fuerza. El cambio de su aspecto físico, su enorme crecimiento muscular, era asombroso.
El 21 de septiembre de 1998 en otro avión, mientras realizaba un viaje hacia Los Ángeles, sufrió otro paro cardíaco y murió.
Se había ido la que, hasta hoy, es la mujer más veloz de la historia. Y con ella se fueron muchos secretos.
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